Son como la MENTE de la O.C.I.R.O., cuya función es orientar y regular el resto de los niveles o elementos de la Orden (estructura, filosofía, vida en fraternidad) en todos aquellos aspectos que por sí mismos no pueden hacerlo. Esto significa que cada miembro no piense por si mismo; muy al contrario, cada uno debe hacer sus aportaciones y valoraciones, auxiliando a los dirigentes en la mejora de la vida de la Orden.
Los dirigentes de la OCIRO tienen clara la orientación espiritual que debe imperar en la misma, propiciando a cada miembro, Responsable y órgano de la misma la apertura a la experiencia, a la vivencia, en vez de quedarse “enredados” en complicadas teorías o en conclusiones vagas e irrealistas.
Por ello, tanto el Consejo General (máximo órgano representativo) como los Responsables locales trabajan desde una actitud clara y operativa, abiertos a revisar y actualizar cuantos planteamientos sean necesarios para la mejora de la Vida de la Orden a nivel local o global. Respetuosamente, el Consejo General recoge las necesidades y las motivaciones de todos los miembros, escucha y tiene en cuenta sus sugerencias, procurando en todo momento, orientar y dar las consignas más oportunas y facilitadoras del desarrollo comunitario e individual, siempre velando para que esté presente en el espíritu de UNIDAD.

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